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El sagrado derecho a beber en la calle
Miércoles, 19/09/2007 - 00:08 -

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EL DIARIO nos proporciona hoy, día 18, una batería de opiniones acerca del beber en la calle que es todo un muestrario de las profundas opiniones de los usuarios de los distintos tipo de botellones, incluido el 'pijo' tradicional de Cañadío, es decir, aquel no perseguido -al menos hasta ahora- sino fomentado por el Ayuntamiento.
Desde el que aludiendo a su condición de ingeniero de telecomunicaciones -que debe de ser un argumento de autoridad inapelable- afirma hacer botellón desde los 17 años y tener una vida de cuento de hadas (buena salud, vida familiar perfecta, trabajo a espuertas...), hasta el que opina -el dueño de alguno de los bares, me apuesto el cuello- que Cañadío debería seguir siendo una zona de ambiente nocturno, pasando por varios aficionados a empinar el codo en la calle que se lamentan de lo aburrido que es Santander porque no hay opciones de ocio -el mamarse parece ser la preferida de casi todos los comunicantes-, cualquier lector foráneo no enterado de lo que pasa en esta ciudad desde hace muchos años sacaría la errónea conclusión de que aquí se persigue con saña a los inocentes muchachitos y muchachitas cuya exclusiva forma de divertirse consiste en ir al supermercado, llenar la cesta de alcohol y refrescos y ponerse ciegos para olvidarse de lo sosa que es esta ciudad, olvidando algo tan elemental como que las ciudades no son sosas y aburridas, sino que en todo caso lo serían sus -en este caso, jóvenes- habitantes a quienes no les da la cabeza para más que para dedicarse habitualmente en cuerpo y alma a contribuir a que la industria alcoholera siga aumentando sus beneficios a su costa. O a costa de los complacientes papás, que será lo más probable excepto, por supuesto, en el caso de Visentini, el flamante ingeniero de telecomunicaciones, que se pagará su original forma de divertirse de su bolsillo, faltaría más.
Ni el Ayuntamiento puede facilitar una zona para que estos marchosos jovencitos puedan hacer el botellón, porque estaría contraviniendo la Ley de Drogodependencias, ni la gente se va a Madrid por la manifiesta falta de cuidado hacia la juventud en Santander, ni nadie tiene la culpa de que los jóvenes se dejen la vida en la carretera por ir a beber a otros sitios, excepto los propios jóvenes y quienes en vez de controlar se dedican a fomentar el ocio alcohólico puro y duro, con o sin autobuses nocturnos.
Lo que sí es descorazonador, y mucho, es que el botellón -el tolerado y el menos consentido- sea la única razón, o casi, de que una importante parte de los jóvenes de esta ciudad se dedique con entusiasmo a opinar en EL DIARIO. No del empleo escaso y precario, ni de la falta de viviendas para los jóvenes y otras carencias no menos importantes. No. Lo que de verdad les pone de los nervios es que no les dejen hacer el botellón. Penoso.


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2 OPINIONES

Miércoles, 19/09/2007 | 11:23
Imagen distorsionada
Me parece que la imagen que proyecta de la juventud de esta ciudad dista bastante de la realidad. Basta echar un vistazo por esta misma sección para darse cuenta de que la vivienda, la escasez de empleo o la falta de actividades para el ocio de los jóvenes son temas que se tratan aunque debo reconocer que de manera minoritaria. El botellón no deja de ser un problema que afecta más a adolescentes que a jovenes, ya que es una práctica que se lleva a cabo a edades bastante tempranas y esto son los que esgrimen argumentos de menos peso para defender esta práctica. Yo he sido practicante de la misma y en la actualidad de vez en cuando me gusta quedar con mis amigos y comprar un poco de bebida para consumir libremente y charlar sobre nuestras vidas, proyectos, planes de futuro...sin tener que estar en bares que nos cobran las copas a precio de oro y que tienen la música en un tono que poco lugar deja a la conversación. No defiendo el botellón sistemático de todos los fines de semana como medio para emborracharse y ensuciar la ciudad pero sí como medio para evitar la represión que los bares realizan con sus precios y como forma de reunión. No nos rasguemos las vestiduras ante una práctica que está mal entendidoa por muchos adolescentes pero también por los políticos y las personas que nunca lo vivieron y que lo demonizan.
Miércoles, 19/09/2007 | 11:13
Cats 13
De esto ya hemos opinado otras veces. Los jovenes nos quejamos de que no tenemos trabajo, de que no podemos comprarnos un piso, de que no podemos independizarnos, de que esta ciudad no tiene unas propuestas adecuadas para todas las edades... y como no, nos quejamos de que tampoco podemos salir 'a tomar una copa'. Y esto es una frase hecha, porque cuando yo quedo con mis amigos para tomar un cafe... cada uno toma lo que le da la gana, no obligatoriamente cafe, y cuando quedamos para irnos de cañas... no hace falta tomar cerveza, tambien valen los siempre socorridos mostos, y evidentemente, cuando estamos en la plaza de cañadio... no tenemos por que estar bebiendo un cubata. Esta zona (la de cañadio) se puede sustituir por cualquier zona de Santander.
Que los vecinos se quejan?, pues tienen razon para hacerlo... pero cuando hemos pedido zonas para podernos tomar unas cañas y hacer fiesta... no se nos ha ofertado nada.
Señores, no niego que los jovenes bebemos, y lo hacemos de botellon porque no tenemos dinero para pagarnos el dineral que cuestan las copas en los bares. Porque si a un par de copas en el bar, le sumamos lo que nos cuesta el taxi para volver a casa (si bebes no conduces) me voy a dejar medio sueldo. En fin, que no caigamos en la equivocacion de que todos acabado beodos perdidos, que los de 50 añitos tambien estan por ahi... y no siempre con sus plenas facultades.
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